El monte quemado no es sitio para la cesta: precauciones en la zona afectada por el incendio de Burgohondo

  • 09 Oct 2026

  • Acotado AV-50.003 Gredos
    Acotado AV-50.006 Montes De La Comunidad De Castilla y León En Ávila

La superficie arrasada este verano en el valle del Alberche y el entorno de Gredos sigue siendo, meses después, un terreno inseguro y en plena fase crítica de recuperación. Entre los montes afectados figuran varios de los que integran el acotado micológico AV-50.003 “Gredos”. Con la temporada a punto de comenzar, Micocyl recuerda por qué conviene mantenerse fuera de los montes quemados y qué cabe esperar del recurso micológico en una superficie que ha perdido su arbolado.

Lo que dejó el fuego

El incendio se declaró el 22 de julio y permaneció quince días activo antes de darse por estabilizado. Las estimaciones a partir de imágenes del programa Sentinel situaron la superficie afectada en la provincia de Ávila en unas 37.800 hectáreas, de las cuales 33.900 serían terreno forestal y 27.600 superficie arbolada. Son cifras provisionales, pendientes de comprobación en campo, y conviven con estimaciones iniciales bastante superiores.

El fuego recorrió el valle del Alberche, Tierra de Pinares, el entorno de la Sierra de Gredos y el valle del Tiétar, y afectó a buena parte del Valle de Iruelas.

Qué montes del acotado están afectados

Dentro del ámbito del acotado AV-50.003, el fuego alcanzó principalmente dos montes de utilidad pública de gran extensión: el nº 60 “Valle de Iruelas”, en el término municipal de El Barraco y propiedad del Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila, con 5.575 hectáreas catalogadas; y el nº 77 “Monte del Concejo”, de Navaluenga, con 3.144 hectáreas.

Conviene precisar que estar afectado no significa haber ardido por completo: dentro del perímetro del incendio hay superficies calcinadas, zonas tocadas parcialmente y manchas que se salvaron. La delimitación exacta corresponde al Servicio Territorial de Medio Ambiente.

Por qué no es seguro entrar

Arbolado muerto en pie. Un pino quemado puede mantenerse de pie durante meses y caer sin aviso, especialmente con viento o después de episodios de lluvia que ablandan el terreno. El riesgo no es visible desde abajo, porque el sistema radical está dañado aunque el tronco parezca entero.

Suelo inestable y erosión. Sin cubierta vegetal ni hojarasca, el agua corre en lugar de infiltrarse. Las lluvias de otoño están abriendo cárcavas y arrastrando cenizas, barro y sedimentos ladera abajo. Lo que en agosto era un suelo firme puede ser hoy un terreno que cede.

Arrastres y calidad del agua. Ese mismo material está llegando a cauces, embalses y captaciones de abastecimiento. Algunas localidades de la zona han tenido problemas de agua potable en los últimos días por esta causa. Es otra razón para no añadir presión sobre unas laderas que ya están cediendo material.

Trabajos forestales en marcha. En buena parte de la superficie afectada se están ejecutando o se van a ejecutar labores de retirada del arbolado quemado. Conviene recordar que el artículo 10 del Decreto 31/2017, que regula el recurso micológico silvestre en Castilla y León, no permite la recolección de setas allí donde se estén llevando a cabo aprovechamientos maderables o leñosos ni otras operaciones forestales con maquinaria.

Qué le pasa al recurso micológico tras un incendio

Aquí hay una idea que conviene explicar, porque no es evidente: las setas que busca la mayoría de los recolectores no van a volver a corto plazo, y no es cuestión de que llueva más o menos.

El boletus, el níscalo, las llanegas o el rebozuelo son hongos micorrícicos. Viven asociados a las raíces de árboles vivos, en un intercambio en el que el árbol les cede azúcares y ellos le facilitan agua y nutrientes. Cuando el arbolado muere, el micelio pierde su fuente de alimento y desaparece con él. Por eso, en una superficie arbolada calcinada, la producción de estas especies no se reduce: se interrumpe. Y no se recupera hasta que vuelve a haber arbolado establecido, lo que se mide en décadas, no en temporadas.

Lo que sí aparece en los suelos quemados es otro tipo de hongos, los llamados pirófilos o carboneros: especies saprótrofas que colonizan el sustrato quemado en los meses y años siguientes al fuego, como Pyronema, Geopyxis carbonaria o diversas Pholiota. Son organismos de enorme interés ecológico, porque forman la primera costra biológica que ayuda a fijar el suelo y a iniciar la recuperación, pero carecen de interés gastronómico. También es frecuente observar fructificaciones de colmenilla (Morchella) en las primaveras posteriores a un incendio.

Dicho de otro modo: lo poco que fructifique en el monte quemado está haciendo un trabajo de reconstrucción. Respetar esas zonas es permitir que el suelo inicie su recuperación.

Una recomendación añadida

Las cenizas y los residuos de la combustión quedan concentrados en el suelo durante un tiempo. Por prudencia, no es recomendable consumir setas recolectadas en superficies recién quemadas, al margen de que la recolección esté o no permitida en esa zona.

Y mientras tanto

El mejor favor que se le puede hacer a un monte quemado es no pisarlo. La regeneración de los primeros meses es extraordinariamente frágil: el pisoteo compacta el suelo, destruye las plántulas que empiezan a asomar y acelera la erosión en laderas que ya han perdido su protección.

Quien quiera salir al monte en la provincia tiene alternativas fuera de la superficie afectada. Antes de hacerlo, conviene consultar los avisos actualizados en www.micocyl.es y la señalización y las indicaciones del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Ávila.